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Del cortijo al caserío: esta es la historia de las casas típicas de España
Fecha Publicación: 16/04/2018
 
España es un país con una gran diversidad y riqueza cultural. Al recorrerlo de norte a sur, de este a oeste, se van sucediendo campos y pueblos que alteran profundamente su aspecto al paso de cada región. A veces parece que la tierra y las construcciones se funden en un mismo paisaje. No en vano, la arquitectura tradicional se inspira bastante del medio en el que se encuentra.

Pero no solo el clima y la geografía han condicionado las distintas casas típicas que pueblan el campo español, sino también su origen histórico. El reparto de la tierra en la época feudal, la influencia árabe en el sur y el Levante o la herencia castrense del norte marcan las diferencias estéticas entre la arquitectura tradicional de una comunidad u otra. Incluso algunas construcciones beben de edificaciones romanas o de obras neolíticas.

La alquería de Valencia y Granada

La alquería es una casa campo de grandes dimensiones típica de Levante. Es una construcción agrícola bastante completa, que contaba con molino, granero, acequias conectadas… y a la que se le suele sumar un carácter defensivo, con muros y una torre de vigilancia. Fue de alguna manera la continuación de la villa romana que hicieron los árabes en el sur y el Levante, quienes introdujeron grandes avances en la agricultura en la península. Tras la reconquista cristiana, estas casas se quedaron con el mismo nombre (que proviene del árabe ‘qarya’, que significa ‘caserío’) y fueron utilizadas como fincas agrícolas en el sur y este del país.

El cortijo andaluz

El cortijo es otra de las construcciones típicas del mundo rural meridional de España. Con la alquería como precedente en Al-Ándalus, el cortijo vino a reforzar ese tipo de construcción aislada en el campo y dedicada a la explotación agrícola y ganadera, consagrando su apogeo más tarde, en torno al siglo XVIII. Lo más singular del cortijo es que está diseñado para abarcar el ámbito del latifundio.

El reparto de la tierra durante la conquista árabe y la reconquista cristiana confeccionó un sur de España con vastos terrenos a explotar, a diferencia de un norte minifundista. Por ello, este tipo de complejos arquitectónicos son de amplias dimensiones y están alejados de los pueblos: se trataba de un centro productivo y de poder para los dueños o ‘señoritos’ de los terrenos que debían controlar grandes extensiones de propiedad.

El carmen granadino

El concepto de carmen granadino tiene un origen hispanomusulmán, en concreto de la palabra ‘karm’, que significa viña. Los musulmanes granadinos del siglo XI aplicaban este término para referirse a las pequeñas fincas y viviendas rústicas que se encontraban fuera de los muros de la ciudad. Aunque estas construcciones contaban con huertos, se utilizaban más para el recreo que para la explotación agrícola. Por ello, gozan de bonitos jardines y se sitúan en zonas con pendiente y vistas a la ciudad de Granada.

El cigarral toledano

También con fines recreativos se empezaron a construir a mediados del siglo XV los cigarrales a las afueras de Toledo, concretamente al otro lado del río Tajo, cuando las guerras entre cristianos y musulmanes cesaban en la zona. El origen de la palabra es incierto, aunque se cree que hace alusión a la época estival, que es cuando las cigarras suenan por la noche y cuando estas fincas señoriales eran ocupadas. Su carácter de vivienda de lujo continuó en el siglo XX con la burguesía y hasta hoy con el mundo de la hostelería.

La barraca de Levante

La barraca es uno de los símbolos arquitectónicos de la costa levantina. Se trata de una vivienda de campo, en muchos casos cercana al mar, con un característico tejado con vegetación pronunciado y ovalado. Su origen se relaciona a las propias chozas de la cultura íbera, ya que las barracas están construidas con materiales rudimentarios de la zona como es barro, cañas, juncos, adobe y paja. Esta vivienda tradicional ha permanecido tenaz en el tiempo durante los siglos, dando cobijo a muchas generaciones de pescadores y huertanos.

La masía catalana

En noreste de la Península Ibérica, las villas romanas dieron lugar a lo que hoy conocemos como masías. Estas viviendas aisladas en el medio rural son muy diversas dependiendo de la época de construcción y la región (en la montaña están hechas con piedra sin pulir, más al sur con adobe, en el Pirineo con tejados de pizarra, etc). Pero tenían en común elementos estructurales, como un amplio tejado con dos vertientes sobre una fachada principal orientada al sur, y una primera planta dedicada a tareas del campo, mientras que la vivienda se encontraba arriba.

La casa y la casona montañesa

En Cantabria, Asturias y el norte de Castilla y León, existe un tipo de arquitectura tradicional denominada montañesa. Los pueblos de la montaña albergan casas robustas hechas de piedra, con un característico balcón de madera que ocupa toda la fachada principal y que siempre está mirando al sur. Este balcón protegido del viento por aleros laterales se utilizaba como secadero, y es un elemento imprescindible en las casas rurales montañesas a partir del siglo XVI.

Por su parte, se llamaba casonas al equivalente de las masías o las alquerías, es decir, las viviendas de las clases pudientes, que eran prácticamente iguales, pero con más elementos decorativos.

El pazo gallego

El pazo es una especie de palacete rural que, al igual que en el resto de España, sigue el testigo de la villa romana. Sin embargo, esta vivienda característica de Galicia bebe de muchas épocas y corrientes: su aspecto defensivo se debe a la Edad Media (los pazos empiezan a aparecer en torno al año 1500), pero también está influido por la arquitectura monástica y campesina gallega, el Renacentismo italiano y el Barroco portugués.

El caserío vasco

Los caseríos comienzan a poblar el paisaje rural vasco hace unos 500 años, siendo una de las construcciones más eficientes de todo el norte. Se trata de un edificio colosal, de hasta mil metros cuadrados, que recoge en una misma estructura cuadra, lagar, granero, vivienda y pajar. Esta construcción vasca se inspira en la arquitectura francesa y la carpintería del sur de Alemania, gracias a que muchos vascos trabajaron y aprendieron con los arquitectos franceses y alemanes en la construcción de las catedrales góticas de Castilla y Andalucía.

El hórreo del norte

El hórreo es una construcción típica del noroeste de la península ibérica no está destinada a ser habitado, sino a almacenar el grano separado del suelo para preservarlo de la humedad y los roedores. Aunque el nombre viene del término en latín ‘horreum’ (granero), su origen es mucho más ancestral. Cuando los romanos llegaron a la península, los pueblo ibéricos ya utilizaban esta construcción, y algunos autores apuntan a que podría venir del propio neolítico, cuando nuestros antepasados prehistóricos comenzaron a practicar la agricultura. De cualquier modo, si recorremos Asturias, Cantabria o Galicia podremos encontrarnos con estas singulares construcciones convertidas ya en un uno de los muchos iconos arquitectónicos de España.
www.idealista.com/news/inmobiliario/vivienda/2018/04/13/765150-del-cortijo-al-caserio-la-historia-de-las-casas-tipicas-de-espana
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