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Jardines urbanos, los nuevos oasis
Fecha Publicación: 09/03/2018
 
Con ciudades que superan las 3.000 horas de sol al año, España disfruta del ocio al aire libre. Por tradición, es un país de gran riqueza histórica en jardinería. "La herencia nos llega desde el Imperio Romano, desde Mesopotamia, y Al-Ándalus", asegura el arquitecto y paisajista Carlos García Puente, fundador, junto a su hermana Isabel, del estudio Liquidambar (calle Vallermoso, 110 L). Estos edenes en la tierra ahora son urbanos.

Disfrutarlos sí gusta, pero la pasión por este tipo de oasis se ve mermada a la hora de cuidarlos. "Muy pocos propietarios quieren complicarse la vida", reconoce el especialista. En general, como asegura, "el español no dedica mucho tiempo a su jardín. Aquí no hay cultura, como sí que existe en los países anglosajones. Es verdad que en ciertas zonas, como Andalucía, Cataluña y el norte peninsular, sí se esmeran en sus patios y jardines, pero en el centro y, sobre todo en Madrid, sólo quieren aprovechar este espacio, pero sin ocuparse a penas de su conservación".

La solución pasa, entonces, por contratar un buen proyecto de paisajismo que optimice el terreno disponible, los recursos y minimice el mantenimiento (reduzca los costes y las horas empleadas).

Según la descripción de la International Federation of Landscape Architects, el paisajista "estudia, planifica, diseña y gestiona paisajes urbanos, rurales y naturales en el tiempo y en el espacio, basándose en las características propias y en los valores históricos y culturales del lugar". Para conseguir este fin, "utiliza técnicas apropiadas y materiales naturales y/o artificiales, guiándose de principios estéticos, funcionales, científicos y de planificación".

Este empleo es oficial en España si se cursa alguno de los posgrados que ofrecen las universidades en sus escuelas de Arquitectura o de Ingeniería Agronómica. De ahí que todos los especialistas provengan de estas dos titulaciones, aunque en un par de años saldrá la primera promoción de graduados en Paisajismo por la Universidad Rey Juan Carlos, cuando terminen unos estudios nuevos y multidisciplinares que comenzaron a impartirse el curso pasado.

Con este debut, el año 2017 se confirma como fructífero para el oficio, cada vez más floreciente: en noviembre la paisajista Carmen Añón recibía el premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, "por su labor pionera en la conservación y puesta en valor de jardines históricos y paisajes culturales". Y, un mes después, su colega Consuelo Martínez-Correcher era galardonada con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes que entrega el mismo organismo.

Madrid como reto

Antes de comenzar con el diseño de un espacio, lo primero que hace el ingeniero agrónomo con máster en Paisajismo Jaime Rumeu sobre el terreno es un análisis del sustrato, para conocer sus características, saber cómo drena y poder preparar el tipo de materiales idóneos para el espacio. Según el fundador de PIA, Paisajismo e Ingeniería Aplicada (Carrera de San Jerónimo, 17), Madrid es el territorio más complejo a la hora que planificar un proyecto. "Se dice que el que proyecta en la capital lo puede hacer en cualquier lugar", asegura. "Tiene un clima complicado, con inviernos secos y fríos y veranos muy calurosos. Además, el suelo, en su mayoría, es arcilloso. Si a esto le sumas que las constructoras entregan las casas con terrenos de arena...», revela, "la tarea se les presenta ardua".

En la gran mayoría de sus encargos, como reconoce, hay que enriquecer siempre el suelo "con materia orgánica, arena...". Además, añade,"hay que tener en cuenta el sol que da sobre el terreno y a qué horas".

Al trabajar con seres vivos, "desde el minuto uno tenemos que identificar cómo se van a comportar los materiales", asegura Rumeu. "Siempre hay que pensar y tener en cuenta la evolución para conseguir un jardín consolidado con el tiempo". Las suyas son unas obras sin certificado de garantía: "No podemos certificar unos resultados de unos elementos vivos si no hacemos nosotros el mantenimiento [no ofrecen ese servicio]. Yo no sé si han regado convenientemente todas las plantas. Siempre hacemos una recomendación adaptada al medio. Pero no garantizo que la planta no pueda fallar, aunque ni mucho menos es lo habitual (estas que se mueren se llaman reposición de marras)".

Su respaldo, asegura, es la experiencia. "Durante los 12 años que llevamos con el estudio ya nos hemos dado las tortas necesarias y sabemos lo que funciona y lo que no".
www.elmundo.es/economia/vivienda/2018/03/09/5aa192e422601d01168b45cb.html
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